3 criterios clave para elegir tu Formación en Coaching

100% COACHING.

De entrada te recuerdo algo muy obvio pero que desafortunadamente es poco habitual: si quieres Coaching, compra Coaching. Y solo Coaching.

Hay formaciones que pasan “de puntillas” por el Coaching y te llenan de otras técnicas, o tienen una filosofía distinta o simplemente son algo a lo que le han puesto el nombre de Coaching pero no lo es. Hay quien dice que el Coaching “es hacer preguntas” y usa ese simple argumento para vende otra cosa. Hay quien afirma que si hace preguntas ya está haciendo Coaching. Pero un coach profesional no hace cualquier pregunta ni tampoco de cualquier manera.

Hay demasiada similitud entre Constelar y el Coaching Sistémico, igual que la hay entre hacer terapia y aplicar técnicas terapeúticas como el Coaching Wingwave o la PNL, y aunque ya sabes que cualquier formación que estudies puede ser de gran ayuda para una persona, realmente, ¿qué prefieres aprender; a constelar, PNL, otras técnicas, … o quieres aprender Coaching?

COACHING, SIN MÁS.

Otra situación muy frecuente es dar por supuesto que existe un Coaching concreto según quien sea la persona que lo reciba. Por ejemplo; se suele decir que para atender un aspecto profesional de un directivo se debe usar el “Coaching Ejecutivo”.

Pero recuerda algo básico: primero, todos somos personas. Eso es constante, no depende del lugar ni del momento y la manera que tenemos de ser afecta a las actividades que desempeñamos y a las relaciones que mantenemos (familiares, compañeros, amistades …)

Por lo tanto, fíjate que al decir Coaching Ejecutivo, Coaching Deportivo, Coaching para padres, para políticos, artistas, … solo estamos indicando el tipo de cliente al que nos dirigimos, y no significa que se esté aplicando un tipo de Coaching diferente ni especial.

¡VIVA EL COACHING!

Finalmente, el Coaching es una nueva manera de mantener una relación de servicio con una persona, y por lo tanto, no requiere que antes hayas estudiado psicología ni otras técnicas, precisamente porque son maneras de ayudar a las personas y no se basan en la misma filosofía que el Coaching.

Quizás ya sepas que el Coaching se basa en la Mayéutica Socrática. Por lo tanto, ¿Cuántas corrientes psicológicas (cognitivismo, humanismo, …) o profesiones (ingeniero, abogado, consultor, …) conoces que basen su técnica y/o su actitud en la filosofía Socrática?

Todas ellas son sencillamente otra visión y otra profesión diferentes a la del Coaching.

Precisamente por eso el Coaching es novedoso, y quizás sea el motivo por el que hay tanto intrusismo en el Coaching.

3 factores relevantes en una Formación de Coaching

LA CERTIFICACIÓN.

Actualmente puedes abordar este punto considerando tres grandes opciones:

  1. Aquel diploma que te otorga el mismo centro donde te has formado basándose en sus propios criterios (por ejemplo, una universidad, una escuela de negocios o un centro de formación oficial)
  2. La acreditación que obtienes de asociaciones a las que deberás pagar cuota de socio, pero como que la acreditación caduca, finalmente deberás volver a examinarte al cabo de unos pocos años y volver a pagar cada vez que la renueves y siempre que cumplas con otros nuevos requisitos (por ejemplo, ICF)
  3. Aquella certificación que no te caduca y que obtienes cuando apruebas un examen realizado por un organismo independiente al que no debes pagarle ninguna cuota de socio (por ejemplo, OCC-Internacional, que es la única que ofrece esta posibilidad)

Son 3 opciones muy diferentes, cuyo criterio para elegir una u otra puede ser “la titulitis”, la cantidad de horas hechas o de dinero pagado, la calidad de tu Coaching, … Tú eliges. Pero elige la certificación estando informado: infórmate sobre las cuotas, la caducidad, la renovación, los precios, los requisitos, … Pide la información allá donde vayas a formarte antes de decidirte.
A veces lo más conocido no es la mejor opción.

EL LUGAR.

Está claro que hoy puedes desplazarte a cualquier parte del mundo para estudiar y es fácil que encuentres mucha oferta formativa que abarque desde universidades, hasta escuelas de negocios y centros de formación. Cada uno de estos sitios dispone de magníficas instalaciones.

La vieja creencia es que supone más garantía estudiar en un sitio que en otro, pero la realidad actual del Coaching es que la garantía te la da la persona que te está formando;

EL PROFESOR.

Efectivamente, el factor determinante: si quieres un Maestro, elige solo entre Maestros.

Recuerda que no existe “el mejor”: existe “el mejor para ti” y eso depende del perfil que quieras que tenga, es decir, su actitud y filosofía, su experiencia y trayectoria en el sector del Coaching, sus contenidos y metodología basada en el COACHING con mayúsculas, …

De hecho, existen muchas opciones; desde aquella persona que en sus cursos va repitiendo la formación que ha recibido de otros, o quien tiene su trabajo habitual y da formación en Coaching esporádicamente a horas sueltas, o formaciones que agrupan a diferentes profesores para que cada cual te explique algo de su enfoque, o alguien que lleve 20 años o más dedicándose al Coaching, al Coaching sin más y al Coaching 100%.

Cachitos de Coaching

A saber por qué, hay personas que definen el Coaching como los auténticos profesionales del Coaching pero luego acaban actuando incoherentemente, es decir; hacen un montón de “otras cosas” que no tienen nada que ver con el Coaching. Y entonces aparece el tarotista-coach, el terapeuta/psicólogo-coach, el consultor/asesor-coach, … opciones a cual más incompatible.

Antiguamente, asistir a un psicólogo era algo que sólo se reconocía públicamente algunos países porque significaba que esa persona estaba mal (o loca!) e incluso era mejor alejarse de ella.

De repente, a finales del siglo pasado, Hillary Clinton, Andre Agassi y otras “celebrities” aparecían en los medios anunciando orgullosos y contentos que tenían un Coach, pero, ¿qué era eso? Al profundizar en el tema descubríamos que esa visión era nueva y que así, sin más, no era necesario “estar mal” para querer “estar bien”, es decir; ¡se puede estar bien y querer estar mejor!

Darse cuenta de ello abrió las puertas a un nuevo segmento de mercado, un target que no estaba en manos de nadie y que los Coaches podían atender mientras los médicos, psiquiatras, psicólogos y terapeutas podían seguir ocupándose de sus pacientes. No era una ración del mismo pastel de siempre; era un pastel nuevo ¡y entero!

Poco tardó el oportunismo a reaccionar junto con la necesidad, la ignorancia y otros factores coyunturales que favorecieron una rápida “contaminación” del Coaching, de forma que ese nuevo y sabroso pastel acabó integrándose y considerándose una parte más -otra ración más- del viejo y obsoleto pastel de siempre, manoseado por las mismas personas de siempre, prostituido por los mismo intereses de siempre.

De repente, por ejemplo los “penelistas”, no querían perderse ese pastel que se estaba comiendo el Coaching y aún hoy siguen insistiendo en meter con calzador la parte terapéutica de la PNL e Hipnosis (véase el Coaching Generativo) dentro del Coaching que, por definición y coherencia con su esencia, no admite directividad. Y así, una vez abierta la puerta a la dispersión, se ha acabado llamando Coaching (de apellido Wingwave) a una mezcla de PNL con Kinesiología y EMDR, se vende el Eneagrama como herramienta básica para el Coaching (cuando el punto de partida de un Coach es no juzgar), a las Constelaciones de B. Hellinger se las están llamando Coaching Sistémico e incluso se sigue vendiendo Coaching para TDA-H ¡cuando ni tan solo existe el TDA-H!

Está claro que existe algún modelo de Coaching con alguna base sólida en cuanto a que es una filosofía, un tratado, etc. (el Ontológico, el Estructural y quizás alguno más), pero uno de los resultados de la contaminación que comentaba en el punto anterior, ha sido la amplia variedad de “apellidos” que se le han llegado a poner al Coaching (Tanatológico, Dialógico, Coactivo, Dental, Kata, Esencial, Zen, Holístico, Integral, Integrativo, Operativo, Inspiracional, Motivacional, Transformacional, Kinesiológico, Relacional, Apreciativo, …) donde la gran mayoría responden al factor marquetiniano de la diferenciación. Otro resultado ha sido apellidar al Coaching refiriéndose al público objetivo al que se dirige (Coaching ejecutivo, para padres, para singles, etc.).

Resumiendo; esa contaminación ha logrado emborrachar al mercado confundiéndolo con mucho nombre y sigue reforzando el error de que existe un Coaching diferente en función de la persona que lo recibe. Y es importante dejar claro que eso es falso: NO existe un Coaching diferente según quien es el cliente o coachee.

Uno de los desencadenantes de este escenario es que muchas personas que se presentan como Coach acaban ofreciendo cualquier cosa. Sí, sí, su necesidad -egoica, económica, …- les ha conducido a ofrecer y hacer cualquier otra técnica bajo el nombre del Coaching; desde terapia, pasando por consultoría o formación, hasta tarot, … y tanto en las sesiones como en la formación.

Curiosamente, en la mayoría de las formaciones aún no se especifica qué es Coaching y qué no de todo cuanto se desarrolla durante el curso y ello conduce a muchos coaches a pedirle al coachee que haga, por ejemplo, un centramiento antes de empezar, una silla caliente o una línea del tiempo, … con toda la directividad que implica el “Haz esto” y lo que significa que el coach esté priorizando su necesidad de que el coachee esté de una forma concreta antes de intervenir, o exigirse como coach ser experto en el objetivo del coachee para así poderle diseñar el plan de acción, o incluso ser “el ejemplo a seguir” por el coachee para poderle indicar cómo hacer algo.

Lamentablemente existen tantas cosas a las que se les llama Coaching que las personas que quieren formarse no saben qué contenidos son los que deben aprender (y hacen un “máster” para saber qué Máster en Coaching hacer) y las personas que quieren una sesión de Coaching no saben qué pueden esperar recibir (un diagnóstico, flores de Bach, un consejo, Reiki, una solución, …) y con este escenario en el que nadie tiene derechos ni obligaciones se sigue deformando una profesión vendiendo “de todo” bajo el nombre de Coaching.

Una realidad a la que se suman muchas universidades y escuelas de negocio justificándolo con su “marca” para que sus alumnos lo puedan añadir a sus CV, puedan pertenecer al club de ex alumnos o acceder a la bolsa de trabajo. Una opción más comercial que humana, muchas veces carísima, con contenidos formativos dispares e incluso contradictorios impartidos por un claustro de profesores con títulos y experiencias de todo tipo (abogados, ingenieros, psicólogos u otras profesiones) pero ajenos al Coaching.

Una realidad en la que existe una lista infinita de academias, centros de formación y formadores freelance ofreciendo formación en Coaching y que para ofrecer un valor añadido y diferenciarse, incorporan en sus programas desde otras técnicas ajenas al Coaching, hasta esas dinámicas que tan impactantes y útiles les fueron para su desarrollo personal y que ahora consideran imprescindibles para cualquier ser humano.

Una realidad en la que admitimos la “venta a granel” de Coaching vía e-learning. La alternativa “cómoda y barata” cuya diferencia con leerse un libro a veces es mínima o nula. Sin palabras.

Una realidad en la que incluso las certificadoras, que teóricamente existen para regular la profesionalidad del sector, son las primeras que aceptan el intrusismo de otras técnicas (por ejemplo, ICF está acreditando formaciones de otras técnicas ajenas al Coaching y certificando a profesionales que aplican esas otras técnicas). Flaco favor al sector por parte de alguien como ICF que se erige como el referente … ¿O será un mero negocio? En fin.

De nuevo, lamentablemente una realidad en la que el amiguismo, los intereses económicos y tantos otros viejos cánceres sociales están conduciendo al Coaching a un lugar desde donde, al menos a mí, me duele estar viviéndolo.

Solo Todo

Está claro que alguien que ha estudiado derecho no está haciendo de abogado cuando hace de camarero en verano.

Igual de claro que alguien que se presenta como Coach no está haciendo Coaching cuando está haciendo dinámicas o ejercicios, o dando clases o conferencias.

E igual que si un ladrón te atraca con un bisturí no está haciendo una intervención quirúrgica, alguien que te escucha y pregunta no te está haciendo Coaching.

Por lo tanto; una cosa es lo que se ha estudiado, otra cómo se presenta y otra lo que hace.

Y para hacer Coaching se usa TODO lo que es Coaching y SÓLO lo que es Coaching.

 

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